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“Crisis en la Educación” Un ámbito para hacernos presente

Alejandro Marchesán, Ph.D.
MCOA de la FICOP
Ex Presidente de la AACOP
Miembro del Consejo Consultivo de la FICOP
Director General del CEOP
amarchesan@ceopra.com.ar

Cuando vemos los datos que surgen de la educación que se lleva a cabo en Argentina, no queda menos que ser atravesados por una emoción de cierto desconsuelo y tristeza.

 

Quizás, para quienes leen este artículo en otros países de Latinoamérica, no se sorprendan tanto por algunos datos que vamos a compartir al existir alguna similitud en sus sociedades. Quizás, tampoco se sorprendan tanto por otros elementos y reflexiones desarrolladas a continuación. En todo caso, queda abierto el espacio para compartir diferentes miradas ante el fenómeno que podríamos llamar, “la educación del siglo XXI”.

En 2016, se llevaron a cabo en la Argentina, las denominadas Pruebas Aprender y de ellas, informó el Ministerio de Educación de la Nación que, entre otros indicadores:

  • El 46,4% de los alumnos de 5° y 6° año del secundario no comprende un texto básico, mientras que 
  • el 70,2% no puede resolver cuentas o problemas matemáticos muy sencillos. 
  • En el área de naturales, el 36,3% tuvo el rendimiento más bajo, mientras que
  • en sociales fue del 41,1 por ciento. 

En todo el país, fueron relevadas unas 31 mil escuelas del ámbito público como privado. Las cifras y conclusiones cuantitativas dieron a conocer sin eufemismos ni tergiversación alguna de los resultados, la inconsistencia y falta de eficacia de nuestro sistema formal de educación. Una fragilidad del sistema alarmante.

En diferentes consultas periodísticas, Esteban Bullrich,  Ministro de Educación de la Nación, mencionó que: "Los resultados son malos en general y revelan una terrible crisis educativa. Además, Argentina está cayendo en los rankings regionales. Los problemas se agravan en matemática, se agravan en el secundario y se agravan en la escuela estatal".

Resulta conveniente mencionar que la crisis educativa no solo refiere a los números antes mencionados sino que, estos, conforman un entramado donde otras hebras complejas también contribuyen a la “confección” de la misma. Por ejemplo la que tiene que ver con el recurrente e interminable reclamo salarial que permita a los docentes y maestros ser reconocidos por el aporte que realizan a la sociedad. Claro que, sin perjuicio de lo dicho anteriormente y como suele suceder, del reclamo justo y necesario se ha establecido una “industria de la queja y la paralización” del servicio público básico que es la educación, así como lo es la salud, la seguridad, el transporte. ¿Cómo un sistema de educación puede funcionar y ser sustentable con 30, 40 y hasta 80 días de paralización promovida por los sindicatos, como suele suceder en distintas provincias de nuestro país?

No podemos asimismo, dejar de citar, la delicada hebra de este tejido llamado “crisis educativa” que hace visible la deplorable situación edilicia de las escuelas y Universidades junto a la falta de recursos en general y de tecnología en lo particular para acompañar los nuevos procesos educativos en este siglo XXI.

Por supuesto que este cuadro que el Ministro refiere como “terrible crisis” no es de ahora. Alguien supo decir que: “el éxito suele llegar de la noche a la mañana…..después de 20 años” Tomando esta reflexión, invito a pensar que, el éxito, finalmente, es un evento que ocurre en un momento, luego de un sostenido proceso. Ahora bien, así como el éxito es un evento que ocurre de “la noche a la mañana” después de (un proceso de) 20 años… El fracaso también.

Solemos estar muy atentos a los “éxitos” y a los “fracasos” para explicarlos pero, poco conscientes y responsables de los procesos que dieron a luz a los mismos para hacernos cargo.

La educación en la Argentina, vista desde distintas tribunas e indicadores, ha llegado a ocurrir en fracaso. Desde donde se lo desee medir.

Fracaso de la educación que nos ha aparecido en un amanecer de transparencia y sinceramiento el cual, como mencionaba al inicio, no deja de ocurrir con cierto desconsuelo y tristeza aunque, probablemente sin ninguna sorpresa.

¿Por qué sin sorpresa? Simplemente porque hay 20 y muchos más años de falta de compromiso y procesos que significaran, en el inicio del siglo XXI, el advenimiento y presencia de un sistema educativo moderno, adecuado a la época y eficaz para que, especialmente, llegue a ser el sustrato y sustento de una sociedad digna de ser vivida y convivida.

La crisis educativa de fondo, ha venido demostrando distintos rostros, entre ellos el que tiene que ver con decadentes prácticas de socialización.

En el contexto de las Pruebas Aprender y ante la consulta sobre los resultados arrojados, el ensayista y poeta Santiago Kovadloff reflexiona que: "El significado del aprendizaje ha perdido valor cívico. Estudiar y aprender ha dejado de ser una experiencia que tenga sentido en la formación de la ciudadanía", sentenciando finalmente que “la educación llegó a constituirse en una herramienta del gobierno y no un instrumento de la ciudadanía”

La educación, más allá de los resultados cuantitativos, es una instancia – en el decir de Kovadloff – de valor e instrucción cívica, esto es de comprensión y práctica sustentable de socialización para un desarrollo en el tiempo. Si bien los resultados más duros y cuantitativos o medibles como los conocimientos para realizar operaciones matemáticas, conocer de lengua e historia, como tener una comprensión de textos conforme a los esperado, ninguno de ellos garantizan una socialización sustentable y con desarrollo.

La crisis educativa vista con los anteojos de los fríos números es una triste fotografía y aislada escena de una película más extensa y compleja. De una historia que necesitamos conciliar, hacernos cargo y desde allí abrir nuevas puertas al futuro.

Para que la educación genere, no solo personas que sepan y sepan hacer sino mejores personas que sepan “ser y estar” en sociedad, es necesaria una resignificación del “para qué” de la educación que logre unir a las partes involucradas del proceso, las cuales, entendemos, que de base son:

  • la sociedad que incluye individuos, familias y estudiantes
  • las instituciones educativas con sus directivos y docentes
  • un estado presente que promueva una educación integral y eficaz

Al considera estas partes involucradas en el proceso sistémico de la educación de una sociedad, de un país, coincidimos en la mención que unos de los grandes inconvenientes para la mejora de la calidad educativa, pasa por el descalce generacional al tener instituciones y currículas del Siglo XIX, docentes promedio del Siglo XX y estudiantes del y en el Siglo XXI. Estas diferencias de siglo, suponen y expresan diferencias, muchas veces profundas, de mirada, de inquietudes, de compromisos y de expectativas que es necesario atender. La pregunta es qué personas y profesionales están comprometidos y preparados para ser una posibilidad en atender esta necesidad de encuentro para un objetivo común. Probablemente haya muchos y muy capaces. Sin duda, los Coaches Ontológicos están en ese grupo y esto, desde su vocación de servicio para la generación de contextos que favorezcan la construcción de un mundo mejor como así también a partir de sus competencias profesionales para facilitar procesos de aprendizaje, de cambio y de transformación en la sociedad.

Por supuesto que el compromiso con el servicio que abrigamos los Coaches Ontológicos y la preparación que tenemos para facilitar la construcción de puentes que permitan cruzar de un lado al otro de la “realidad”, esto es, de la realidad circunstancial y actual a la realidad deseada, no inhibe el enorme desafío del cual estamos hablando. Sin duda es un viaje largo y una gestión compleja.

Es un viaje largo y lleno de desafíos que, como sociedad, necesitamos comenzar a realizar. No es una obligación. Es una necesidad.

Es un viaje largo que no se puede “hacer en taxi”. No se puede emprender solo con políticas de un gobierno o aún la continuidad del mismo sino, con políticas de sociedad y de estado que signifiquen pensar en largo plazo. Siendo capaces de posponer la gratificación presente, a favor del bienestar futuro.

Hacer lo que sea necesario y cueste hoy, para que deje de costar tanto a las generaciones futuras y esto, no solo en la Argentina sino especialmente en Latinoamérica ya que, en mayor o menor (probablemente menor) atraviesa una crisis similar en términos de educación.

Crisis similar, donde precisamente, uno de los aspectos más visibles y penosos de la desigualdad social es el referido a la educación, esto es, el acceso en iguales términos y condiciones ambientales, de recursos y académicos en la oferta institucional.

Si comenzamos, es clave el nivel de consciencia que distingue que el viaje será largo. Quizás 20, 30 o 40 años. Pero necesitamos comenzar. Sin más dilaciones y excusas.

Comenzar significa comprometernos con una educación diferente y estar dispuestos a brindar lo que esté a nuestro alcance para contribuir en la construcción de un sistema educativo integral, eficaz y especialmente sustentable.

Referirnos a educación integral es incluir en la conversación a los tres ámbitos de educación en la que las personas solemos estar. Estos son:

  • La educación formal, aquella que tiene que ver con los sistemas regulados por el estado
  • La educación no formal, aquella que tiene que ver con los sistemas de educación que no se encuentran regulados por el estado pero que brindan un enorme valor agregado al tomar temas que los sistemas formales no toman, por ejemplo distintos cursos, talleres, seminarios o formaciones que dan cuenta del compromiso y capacidades de llevar adelante procesos de educación que las personas reconocen carecer. Vale decir que este nivel de educación ha crecido en la población adulta de manera exponencial. Las Escuelas de Formación de Coaches Ontológicos en el mundo es una evidencia de esto.
  • La educación informal que no es otra que la que sucede en una familia, en un grupo de amigos, en un club, en las plazas de la vida…en la vida misma.

No son pocos los Coaches Ontológicos que estamos cercanos e identificados con la educación. Tanto por la crisis que atraviesa como así también, y en especial, por el ánimo y compromiso de ser parte de la contribución para que las cosas pasen.

En la reflexión de Bernardo Blejmar, referente en educación y Socio Honorario de la AACOP, menciona que: “Quien gestiona hace. Pero su hacer fundamental es hacer para que con los otros se haga del modo más potente posible”

Pretender jugar el juego de una poderosa transformación en la educación es un juego perdido si alguna de las partes del sistema, pretende jugarlo en soledad. Ya sea la familia, los estudiantes, las instituciones y docentes, los sindicatos o los funcionarios y servidores públicos de cualquiera de los tres poderes de una democracia. Hay que poder hacerlo del modo más potente posible y esto es necesario hacerlo juntos.

Ante esta reflexión, aparecen algunos quiebres que podríamos inclusive anticipar. Uno de ellos, la incapacidad que tenemos para integrarnos dada una “causa común”. Otro el de pensar en el bien común presente y especialmente para las generaciones futuras.

Nos queda ante esto, dos caminos. Declinamos nuestros compromisos y nos resignamos con resentimiento por lo que no hacen y no se cambia o, desde el compromiso, gestionamos y superamos los quiebres.

Es una elección de vivir nuestro “sueño” o encerrarnos en nuestros miedos.

Pensar en una transformación de la educación como la que sin duda deseamos, puede llegar a generar inicialmente, más miedos e incertidumbre que convicciones y entusiasmo.

Ante el desafío de superar esos miedos con los ojos en el compromiso y los “pies en la acción” para que esto suceda, la presencia y contribución de los Coaches Ontológicos es de vital importancia.

Continúan resonando en mis oídos y corazón, las palabras del Dr. Rafael Echeverría, cuando, en el 1er Congreso Latinoamericano de Coaching Ontológico, realizado en octubre de 2015, nos decía que la humanidad necesita de los Coaches Ontológicos para contribuir en la construcción de sentido, en conferir sentido a la vida . Parafraseando su idea y propuesta, pienso que si hay un ámbito del quehacer social que tiene cierta urgencia de conferir sentido, ese es el ámbito de la educación y en ese ámbito es necesario que nos hagamos presentes para colaborar en los procesos de aprendizaje ontológico con el compromiso de expandir el potencial personal, organizacional y social que facilite una mejor socialización desde el aporte invaluable de una educación integral, más humana y eficaz al responder a los desafíos de un mundo y una sociedad bien diferente a lo que era hasta hace muy poco y vaya a saber, cómo será en los próximos años.

Es necesario avanzar, donde y como sea posible.

Con esos “pequeños grandes pasos” para contribuir en la conversación y construcción de una educación con capacidad de respuesta ante las preguntas y demandas de un mundo en este Siglo XXI que muestra sin disimulo lo cromático de su complejidad y lo frágil de su socialización.

Los sistemas formales de educación siguen viendo y queriendo resolver los problemas en blanco y negro, cuando la complejidad presente es audazmente cromática y su consideración como superación de los conflictos que genera no puede suceder en el blanco y negro tradicional.

Los Coaches Ontológicos estamos entrenados y preparados para gestionar y facilitar procesos en un mundo complejo, donde los colores de la complejidad no nos asustan.

Por el contrario esa diversidad que otorga la complejidad y la multi-interpretación, no es otra cosa que insumos para elaborar la interpretación que más sirva y nos permita hacernos cargo del y los fenómenos que están ocurriendo. Lejos de buscar una interpretación que nos “asegure” en su verdad sino aquella, que nos brinde un giro en la manera de observar y expanda la capacidad de acción y generación de nuevos o diferentes resultados a partir de los compromisos declarados.

Esto, que en principio parece simple, requiere de Coaches Ontológicos comprometidos con generar valor en la “cadena de valor de la educación”, cualquiera sea su escala y ubicación en el escenario de la vida social.

Por eso, la relevancia de una Institución en el mundo como la FICOP que convoque a los profesionales a escala internacional y local de cada país, para integrarnos, seguir desarrollándonos profesionalmente y desde ese lugar, tener una voz institucional en la voz de cada Coach para ser esa posibilidad que la humanidad está esperando.

Uno de los ámbitos del quehacer social que está esperando una transformación y donde nos podemos hacer presentes, es la Educación.

 

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